El riesgo de Colisión Buque-Ballena, una amenaza latente en el AMCP Francisco Coloane

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(Futuro Renovable – por Jorge Acevedo, Investigador Centro Regional Fundación CEQUA) El transporte marítimo mundial ha cambiado drásticamente en las últimas décadas, tanto el volumen como la velocidad media de los buques han aumentado sustancialmente. Coincidiendo con estos cambios ha sido una conciencia emergente de varios países sobre los impactos que el transporte marítimo puede tener sobre los individuos y las poblaciones de grandes ballenas. Mientras el ruido crónico de baja frecuencia en el agua producido por grandes buques ha aumentado por décadas afectando la comunicación acústica de las ballenas e incrementando el estrés, también se ha demostrado que los grandes buques impactan directamente en la aptitud de los individuos o poblaciones de ballenas a través de colisiones.

Es así, que, el aumento de las colisiones entre grandes buques y ballenas se ha convertido en un problema urgente de conservación y de gestión prioritaria, siendo reconocida como tal en el Comité de Conservación de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en el año 2005. Mientras las colisiones buque-ballena son probable a ocurrir donde exista una superposición espacial y temporal entre grandes buques y ballenas, los impactos a la población serán mayores cuando el tráfico marítimo sea alto y se solapen con pequeñas poblaciones o agregaciones discretas de ballenas, acentuándose las consecuencias si dichas poblaciones se encuentran en un alto nivel de Peligro de Extinción. Estos impactos pueden ser de tal severidad que pueden inhibir incluso la recuperación de la población. Las colisiones buque-ballena también toman relevancia en aquellas poblaciones cuya dinámica no son bien comprendidas, dado a que la superposición de áreas de alta densidad de tráfico con áreas de alimentación, crianza o migración pueden ocasionar elevados problemas de conservación.

Las evidencias de colisiones con embarcaciones proviene de una variedad de fuentes pero sin duda los choques siempre son un problema para el individuo involucrado resultando en la muerte o en lesiones graves. Más aún, estas colisiones pueden pasar imperceptibles enterándose la tripulación sólo cuando el barco llega a puerto con un cadáver atorado en la proa bulbosa del buque. Sin embargo, por cada incidente observado y reportado existen muchos otros que se ignoran, hacienda difícil evaluar las implicaciones para la conservación de la especie involucrada con las colisiones con embarcaciones.

Chile no está ajeno de esta amenaza. En el año 2009 una ballena sei llegó muerta en la proa de un crucero de turismo siendo solo descubierta cuando la nave recaló en Puerto Montt. En febrero 2014, una ballena azul habría llegado muerta o moribunda a la bahía de Puerto Montt, presentando una fractura expuesta atribuida probablemente a una colisión con una embarcación de gran tamaño; y el año siguiente se informa el varamiento de otra ballena sei en las cercanías de Puerto Edén, el cual habría sido llevado hasta el lugar por un transbordador al quedar atrapado su cuerpo “ya sin vida” en su proa.

Como todos los magallánicos conocen, nuestra región es privilegiada con la primera área de alimentación para ballenas jorobadas (AMCP Francisco Coloane) fuera de las aguas antárticas para el Hemisferio Sur. Sin embargo, esta particular área cumple con todas las características para que la colisión buque-ballena sea una gran amenaza: i) superposición espacial entre la ruta de navegación de grandes buques con el área de alimentación de la ballena jorobada; ii) la población de ballenas jorobadas presente es pequeña (menos de 200 animales); iii) no existe evidencia de intercambio de las ballenas jorobadas que se alimentan en el estrecho de Magallanes con aquellas que se alimentan en la Península Antártica (más de 3500 animales); iv) análisis genéticos sugieren que estas ballenas pertenecen a un área de alimentación discreta para la especie; v) las ballenas en las áreas de alimentación normalmente se alimentan (de pequeños peces y crustáceos) en la superficie o cerca de ella; vi) sólo en verano transitan algo más de 600 grandes buques; vii) el AMCP es el sector más estrecho de esta ruta internacional con sectores cuya maniobrabilidad es muy limitada. Todas estas características hacen que nuestras ballenas jorobadas se conviertan en una población altamente vulnerable a los impactos antropogénicos.

En este contexto, el laboratorio de Mamíferos Marinos del Centro Regional Fundación CEQUA, junto con investigadores de los Estados Unidos, desarrollaron un modelo de riesgo de colisión buque-ballena para el AMCP Francisco Coloane, y las simulaciones no fueron muy alentadoras. Debido a que se trata de una población discreta y pequeña, y a diferencia de las otras poblaciones de ballenas jorobadas que aumentan en un promedio anual de 4-7%, ésta población se mantiene con una tasa de aumento muy pequeña (0.032%, es decir, se mantiene estable), y por tanto, cada colisión fatal se traduce en un impacto significativo a nivel poblacional. Es así que, la muerte cada dos años de una sola hembra por colisión, se traduce en un decline poblacional cercana al 1,1% por año. Lamentablemente, en la reciente temporada de verano, una ballena (hembra) monitoreada por el investigador Juan Capella (whalesound Ltda) fue encontrada muerta en las cercanías de cabo Froward, aparentemente producto de una colisión. Con el fin de evitar impactos irreparables sobre esta pequeña y vulnerable población, se requiere implementar en el corto plazo medidas de navegación especial en dicha área del estrecho de Magallanes por parte de las respectivas autoridades, a fin de minimizar este potencial impacto en el mediano y largo plazo.

por Jorge Acevedo, Investigador Centro Regional Fundación CEQUA|Publicado 23 noviembre 2016 | Futuro Renovable