Una victoria para los ríos de Chile: Endesa renuncia derechos de agua

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Una buena noticia salió de Chile esta semana: la empresa de energía más grande del país, Endesa Chile, anunció el martes por la noche que renunciaba a los derechos de agua de cinco proyectos hidroeléctricos diferentes (por Amanda Maxwell – Blog Onda Verde). Después de invertir US $52 millones para obtener los derechos durante los últimos años, un análisis de la compañía demostró que mantener propiedad de los derechos simplemente no era beneficioso ya que los proyectos no eran ni técnicamente viables ni aceptado por las comunidades locales.

Esta acción tiene gran importancia. Representa un cambio significativo en el sector energético de Chile. Anteriormente, las empresas de energía podían construir grandes proyectos hidroeléctricos sin dar mucha importancia a los impactos sociales o ambientales. En general, la única preocupación real de una empresa era su hoja de balance, y las ganancias eran impulsadas por el hecho de que las grandes centrales hidroeléctricas era una de las opciones más económicas para la generación de energía.

La diferencia ahora (ilustrada por el anuncio de Endesa Chile) es que las empresas están reconociendo que las preocupaciones sociales y medioambientales pueden alterar de manera significativa su balance. Además, y esto también es fundamental para entender el sector de energía, la subasta que tuvo Chile al pasado 17 de agosto demostró que las hidroeléctricas ya no son la opción más económica para la generación de nueva energía. De hecho, proyectos de energía eólica y solar compitieron en la licitación con precios más bajos que las tecnologías convencionales y ganaron más del 50 por ciento de la energía que fue contratada.

En pocas palabras, mientras las energías renovables no convencionales se vuelven más establecidas en el mercado, y las comunidades y ambientalistas juegan un papel cada vez más activo en el proceso de evaluación del proyecto, la construcción de proyectos grandes hidroeléctricos no es un buen negocio. Particularmente cuando se trata de proyectos que se ubican lejos en la Patagonia.

Los cinco proyectos que Endesa Chile efectivamente canceló mediante la renuncia de los derechos de agua hubieran tenido una capacidad instalada combinada de 2.151 MW. Esta cantidad no es mucha menos de la cartera existente de la compañía de 2.725 MW en centrales hidroeléctricas. Estos son:

  • Bardón en el río Cautín, en la Región de la Araucanía, con una capacidad instalada de 14 MW;
  • Chillán 1 y 2 en el río Chillán, en la Región del Biobío, con una capacidad instalada de 17 MW;
  • Futaleufú en el río Futaleufú, en la región de Los Lagos, con una capacidad instalada de 1.330 MW;
  • Puelo en el río Puelo, también en la Región de Los Lagos, con una capacidad instalada de 750 MW); y
  • Huechún en la Región Metropolitana, con una capacidad instalada de 40 MW.

Desafortunadamente, una frase clave en los puntos de anuncio de Endesa da razón para ser cautelosos de nuestro entusiasmo por el anuncio. Cuando Valter Moro, gerente general, dijo, “estamos devolviendo estos derechos de agua al país para que puedan ser utilizados para otro tipo de desarrollo”, aludió al hecho de que estos derechos probablemente serán comprados por otra empresa – ya sea hidráulica o algún otro tipo de proyecto.

Desde que el Código de Aguas de 1981 de Chile privatizó los recursos de agua dulce del país, personas y empresas pueden comprar y vender derechos a esos recursos igual que pueden comprar y vender tierras. El código está diseñado para explotar los ríos para emprender actividades productivas desde el punto de vista económico. Dicho de otro modo, el código no está configurado para permitir que el gobierno valore el agua a menos que se utilicé para fines productivos’. Es decir, no valora un río de caudal libre como tal.

Esto es lamentable, ya que los ríos del país que están amenazados por las grandes centrales hidroeléctricas juegan un papel importante en la economía local de muchos pueblos, sobretodo en la industria turística. Por ejemplo, los ríos Cautín, Chillán, Futaleufú y Puelo tienen correderas famosas que sirven para rafting y kayaking, excelentes oportunidades para la pesca, y los paisajes impresionantes que atraen a turistas de todo el mundo. Turistas cuales también gastan dinero en alojamiento, alimentación, transporte y mucho más. Además de la estética, hay un gran valor en mantener estos ríos fluyendo libremente.

Por esta razón, la reforma del Código de Aguas que ya está en marcha se beneficiaría mucho de mirar a ejemplos internacionales de políticas de conservación de los ríos. Un ejemplo es el la Ley de ríos salvajes y pintorescos de 1968 de los Estados Unidos cual protege a los ríos de “de notable y extraordinario valor panorámico, recreativo, geológico, histórico, cultural, de pesca y vida” y mantiene la “circulación libre” de los ríos mientras aun reconociendo su futuro uso potencial y desarrollo.

Sin duda, la decisión de Endesa Chile de renunciar los derechos de agua de estos cinco ríos es motivo de celebración y también un reconocimiento de la transición general del sector de la energía hacia fuentes de energía verdaderamente sostenibles y limpias. Sin embargo, también es un recordatorio de que los ríos de Chile – y las comunidades y las economías locales que dependen de ellos – necesitan una protección más allá de la que existe si van a ser protegidos de los impactos de los proyectos hidroeléctricos en los próximos años.

Fuente Onda Verde Blog – por Amanda Maxwell| publicado 02 de Septiembre 2016| Enlace a la Fuente