Debemos cuidar la Biodiversidad Territorial de las Regiones

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Cuando ponemos sobre la mesa las ventajas comparativas que poseemos en Chile, nos demuestra fehacientemente, que no hemos tenido la capacidad de proyectar el futuro correctamente y menos tener conciencia de lo que se viene ( por Andrés Gillmore).

Todos estos años hemos administrado el presente sin considerar el futuro, notándose en el resultado final de la proyección de lo que vendrá si no hacemos algo. Si hace 10 años hubiésemos tenido la capacidad de haber diversificado la producción energética y productiva como tantas veces se dijo y se expuso, es indudable que otro gallo nos cantaría y estaríamos mejor preparados para la adversidad de lo que se vienen a nivel mundial, sobre todo si tomamos en cuenta nuestras ventajas comparativas, que a todas luces son fundamentales, pero lamentablemente no las hemos sabido aprovechar.

Las áreas importantes del escaso desarrollo productivo que tenemos y del energético, están en manos de empresas privadas (Transnacionales), condicionando el desarrollo bajo la perspectiva PAÍS hacia los intereses externos, pese a las inmejorables condiciones que tenemos para desarrollarnos nosotros mismos y proyectar las ERNC (Energías Renovables no Convencionales) . El Estado debe hacerse parte de este desarrollo, con una política estatal en este sentido, regulando la gestión, para que la libertad de mercado, no termine destruyendo el patrimonio ambiental y social.

Tenemos una gran diversidad territorial, geográfica y biológica, con acceso directo a la Antártida que no es un tema menor, con una potencialidad única en Energías Renovables, considerada como una de las más prósperas del planeta por su diversidad (solar,eólica, geotérmica y mareomotriz); estamos situados al frente al océano Pacífico, con acceso directo al mercado asiático; con recursos naturales que puede que no sean exuberantes, pero bien administrados pueden hacernos un país sustentable (Cobre, Litio); con una población baja en relación con los otros países de la región. Con todo esto a nuestro favor, caemos en cuenta por simple lógica y sentido común, haciéndonos ver, que si tuviésemos la capacidad de proyectar el futuro con eficiencia, dejando de lado los intereses creados de empresas que poco y nada le interesa el desarrollo de Chile, tendríamos una gran oportunidad de ir por el desarrollo. Pero, si seguimos optando por un modelo que solo piensa en crecer, olvidando desarrollarse, sin tomar en cuenta la relación social y productiva con el medio ambiente, olvidando proyectarse con armonía y balance; a lo más en dos décadas, seremos un país sin proyección de futuro.

No podemos perder la diversidad biológica y territorial de las regiones, con proyectos invasivos y destructivos; el medio ambiente cuidado y preservado, sustenta el desarrollo en todos sus niveles: genes, especies y ecosistemas, contribuyendo al bienestar de las comunidades rurales y urbanas, ofreciendo recursos que permiten un entorno seguro, generando una perspectiva de futuro que en la actualidad no tenemos y que no hemos sabido apreciar como corresponde.

No tenemos un Plan de Desarrollo Energético, que proyecte la matriz de acuerdo con nuestras ventajas comparativas, con tecnología del futuro no contaminante y con la capacidad de mantenerse en el tiempo y lo que tenemos es todo lo contrario, tecnologia del pasado en el mundo del futuro, con una Política Energética dependiente del gobierno de turno y en eso se fundamenta la debilidad del modelo en toda su expresión y que en base a esta perspectiva se están cometiendo atrocidades, como la de intervenir sistemáticamente los ríos del sur austral para producir electricidad con embalses y muros de contención, destruyendolos los ríos y la flora y fauna del lugar, al sedimentarlos por la intervención, destruyendo la vida de las comunidades que viven en las postrimerías y generando cantidades importantes de CO2, destruyendo la perspectiva de sustentabilidad que proporcionan los ecosistemas por este seudo desarrollo y terminandose con el capital natural.

Los activos naturales que son parte del gran todo, como bosques, lagos, cuencas de ríos, glaciares, son componentes esenciales del capital natural de los ecosistemas, garantizando la estabilidad del ciclo hídrico, la agricultura sana y productiva y su perspectiva de futuro, mitigando el ciclo del carbono que destruye la fertilización del suelo y que impide la producción limpia de los cultivos, desbalanceado los microclimas y sobre todo, poniendo en riesgo los hábitats naturales.

El concepto de una economía se evalúa, en cómo se relaciona con el medio ambiente, que tiene una valoración importante en países desarrollados que en los subdesarrollados como el nuestro no vemos o no queremos ver; ante el desencanto con la economía de mercado y los abusos reiterados de los operadores del modelo, ante las innumerables crisis, que han obligado a repensar el formato de desarrollo para hacerlo armónico y sustentable. Las evidencias que el mercado no se regula por sí solo, ha establecido que el consumo no puede ser a expensas de la producción y es indudable que se deben evaluar los riesgos ambientales y sociales que producen las intervenciones sin parametros y protocolos adecuados con el medio ambiente.

Las causas de las diferentes crisis del modelo, son diversas en este sentido, pero todas tienen un denominador común, la asignación de capitales al proceso de desarrollo de forma incorrecta. Durante las dos últimas décadas, una importante cantidad de capital se ha destinando a desarrollar propiedades, activos financieros, invirtiéndose poco y nada en energías renovables, eficiencia energética, transporte público de calidad, agricultura sostenible, protección de ecosistemas, cuidado de la diversidad biológica, conservación del suelo y del agua. La mayoría de las estrategias de crecimiento económico implementados en Chile desde 1989, han promovido la acumulación de capital financiero, degradando los recursos naturales y los ecosistemas, proceso que con el tiempo ha afectado negativamente la proyección territorial y el bienestar de la población rural y su proyección de futuro.

En Chile, las políticas y los incentivos han sido siempre excluyentes, con un Estado subsidiario de la empresa privado, donde unos pocos tienen el control económico de la toma de decisiones, agravando considerablemente el problema de la mala asignación del capital a los procesos de desarrollo y lo que es peor, sin exigirles rendiciones de cuentas en sus actividades a nivel social y ambiental. Los mercados sin restricciones, no están diseñados para resolver problemas sociales; por eso, se hace urgente mejorar las políticas públicas en este sentido con un Estado que más que subsidiario, deber ser protector de los recursos naturales y de los servicios esenciales, retirando los incentivos perversos que hacen que las empresas operadoras, ignoren las externalidades sociales y ambientales.

Una economía sustentable debe tener la capacidad de proponer bienestar y equidad social y la defensa del medio ambiente como base de sustentación, reduciendo el riesgo ambiental, bajando las emisiones de carbono, fiscalizando el uso responsable de los recursos naturales, con políticas sociales incluyentes, creando empleos productivos, reduciendo la contaminación y las emisiones de carbono, promoviendo la eficiencia energética y evitando la pérdida de la diversidad biológica que mantienen vivos los ecosistemas.

Perfil del autor Andrés Gillmore, es sociólogo de la Universidad Nacional de Brasilia UNB en Brasil; es empresario turístico y consultor en proyectos de desarrollo sustentable relacionados con Aysén.

por Andrés Gillmore | Publicado 29 enero 2016|Futuro Renovable