Debemos tener como objetivo de desarrollo una existencialidad Ambiental

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Acaba de terminar el encuentro climático mundial -París 2015- y la esperanza que muchos teníamos que se lograra un acuerdo vinculante y definitivo, una vez más quedó desechado y los dichos de nuestro ministro de Relaciones Exteriores -Heraldo Muñoz- que el acuerdo es la “noticia del siglo”, es un voladero de luces a los cuales los intereses creados nos tienen acostumbrado.

No es una simple coincidencia que paralelamente al encuentro, el barril de petróleo alcanzó el precio más bajo de los últimos 10 años, de solo 38 dolares y que eso de consciencia mundial ante el cambio climático no es tan así como nos quieren hacer creer y que los intereses creados de los mismos países desarrollados tienen su lado B. A modo de ejemplo: !quién podría creer que una empresa mundial del prestigio de Volkswagen¡ -tendría el desparpajo de crear un software para camuflar las emisiones contaminantes de sus vehículos-, poniendo de manifiesto una vez más que la codicia nos esta matando y en todo orden de cosas.

El científico James Hansen considerado el propulsor de la conciencia climática mundial desde los años 70, calificó el resultado del encuentro climático mundial como -un fraude-; “no hay acciones, solo promesas dijo a quien lo quisiera escuchar”. Dejando muchas dudas de los verdaderos intereses de los países desarrollados y que el objetivo de las acciones es contener la subida de 2 grados del mar y que cada cinco años evaluarán las condiciones, dejan de tener consideraciones realistas si el acuerdo no es vinculante y ninguna promesa de la entrega de 100 mil millones de dolares prometidos por los países desarrollados para ayudar a los países emergentes aseguran nada de nada, se podria considerar como real.

Si de algo debemos tener claridad, es que mientras el combustible fósil sea barato, es indudable que se seguirá consumiendo y la única manera de hacerle frente al calentamiento global, es poner impuestos muy altos a los países que generen gases de invernadero, el resto es hacer una raya en el agua. Nada de lo suscrito demuestran fehacientemente que se esta haciendo algo con proyección de futuro, para atacar de verdad los problemas aleatorios que llegan con el cambio climático, como la hiperpoblación; el acceso al agua; la destrucción de los hábitats naturales; la contaminación de los grandes centros urbanos y la depredación forestal mundial.

En lo que respecta a Chile el tema no es menor y todos sabemos que tenemos serios problemas en la matriz energética y se aprobaron proyectos con serias implicaciones negativas al medio Ambiente (Alto Maipo, Central Río Cuervo, Central Mediterráneo en Río Puelo). Deberíamos pensar seriamente en la Ecología Política como el punto de partida de la acción estratégica de un desarrollo sustentable y la forma en como deberíamos fundamentarnos en busca de la sustentabilidad medioambiental y de paso bajar los gases de invernadero que estamos generando, que comparativamente nos hacen en la actualidad uno de los países más sucios del planeta.

En Chile los intereses creados de las grandes transnacionales, nos han hecho creer que las Hidroeléctricas con muros de contención y embalses son energías renovables cuando no lo son; generan C02, destruyen las comunidades al intervenirlas, sedimentan los ríos, matan la flora y fauna que los habitan y en no más de 40 años estas moles de cemento quedan completamente obsoletas. Realidad que terminará destruyéndonos comercialmente, si seguimos sustentando la matriz energética en carbón, hidroeléctricas y diésel, por eso se hace tan necesario dictaminar una nueva identidad del que hacer productivo energético, ante la complejidad del panorama ambiental que vivimos en la actualidad, quitándonos la posibilidad de construir un futuro sustentable, con una visión más humana y proyectando una condición existencial del hombre como ser ambiental en armonía con el medio.

En la actualidad existe una fuerte crítica a los fundamentos y la forma en cómo estamos proyectando las estrategias de desarrollo ambiental en Chile, que van mucho más allá de la diversidad biológica del orden ecológico en la organización social. Necesitamos proyectar la condición del ser comunitario en las estrategias de desarrollo, entregando sentido y referencia a los referentes ambientales, ante una realidad que cada día se hace más disfuncional. La ecología política permitiría analizar los conflictos y situarlos en las relaciones entre el ciudadano, el mundo empresarial, la producción y el medio ambiente.

Cuando producimos en sociedad bajo un punto de vista netamente constructivista, nos damos cuenta que es autodestructiva, por eso es importante replantear el modelo tal como lo han estado haciendo los países desarrollados; que con el pasar de las décadas han entendido la importancia de la referencia ambiental, dejando la ceguera con que lo hicieron en el pasado, que los introdujo en un serio descontrol ambiental. El diseño estructural del modelo energético de la matriz chilena, no esta a la altura de los nuevos desafíos del mundo globalizado y de las verdaderas necesidades del país, afectando nuestra autonomía en un mundo economizado y tecnologizado que nos esta dejando a tras.

Debemos tener la capacidad de reconstruir el modelo y no seguir justificando nuestros errores inefablemente, con el discurso poco serio que somos un país chico y que lo que contaminamos es insignificante comparativamente, porque en el trayecto estamos autodestruyendonos territorialmente y afectando la salud de nuestras comunidades, sin condicionar las necesidades reales de nuestra sociedad y solo pensando en la de los operadores del modelo, que imponen sus intereses.Tenemos que reorientar las estructuras del conocimiento y reposicionar lo que entendemos como libertad, identidad, existencialismo y desarrollo.

Reorientar la economía con procesos de significación, valorización y apropiación de la naturaleza con formas armónicas,  es la única vía sustentable. En la actualidad estamos incapacitados de resolver la problemática, porque creemos que con la valoración económica del proceso intervencionista y la asignación de normas como regulador económico, superaremos los conflictos socio-ambientales y eso a decir verdad no es así y nunca lo será.

El mayor problema que tenemos en la actualidad esta en la sobre explotación de los recursos naturales. Debemos comprender que los procesos extra-económicos, deben tener la capacidad de vincularse en su forma de operar y desarrollar procesos políticos en la toma de decisión, proyectando redistribución desde un punto de vista económico-ecológico-social-existencial.

El mal uso de las riquezas naturales que hemos venido desarrollando durante décadas, ha sido un golpe al patrimonio de todos los chilenos, desarraigando la culturalidad, que en términos reales ha significado una intervención inapropiado de los recursos de las comunidades rurales, intraducibles en valores económicos como muchos economistas de la escuela de chicago han querido valorar. No se ha podido establecer fehacientemente que es negociable y que no. Sería más justo para las comunidades ante la deuda histórica que tenemos con ellas, subsanar los conflictos distributivos y poner en marcha las compensaciones sociales de lo que ha sido destruido en las comunidades intervenidas.

La intervención de la naturaleza ha transformado la vida del hombre y legitimado el existencialismo tangible; pero por otro lado la codicia despectiva y la falta de proyección de las políticas de desarrollo, ha hecho que nos desentendamos de la perspectiva de lo que la naturaleza representa para el hombre en comunidad, de una naturaleza que a fin de cuentas es de todos. Esta realidad ha convertido la pose de los recursos naturales en un objeto de dominio social por medio de la producción.

El modelo de desarrollo energético de la matriz chilena, ha desconocido su función organizativa del ecosistema en el modelo y su proyección futura, quitándole el carácter de ser un bien social, convirtiendo la naturaleza en un insumo del proceso productivo y en recurso de flujo para sustentar la productividad económica, construyendo una racionalidad inmanejable, al basarse en leyes de producción inexpugnables; simplemente porque una élite dominadora, cree que la única manera de desarrollarse es por medio del constructivismo productivo.

En la actualidad las regiones de norte a sur, de cordillera a mar de nuestro querido Chile, luchan por la diferenciación cultural y la autonomía; realidad que ha pesado sobre los territorios regionales desde hace varias décadas, ante una regionalización muy prometida y tantas veces postergada, redefiniendo los conflictos ambientales mucho más allá del campo económico y ecológico, reivindicando la justicia social y ambiental como derecho innegable ante la necesidad de integración cultural y en contra de los modelos pre-establecidos, que son legitimados por los poderes hegemónicos.

La ecología debe fundamentarse en la diversificación de los criterios de evaluación a la hora de decidir los procesos y las estrategias del modelo de desarrollo, que va mucho más allá de la significancia de la política estructural de conservación de la biodiversidad y de la lógica unitaria de diversificación, para ponerlos al servicio de una política diferenciada como principio de sustentabilidad social.

Perfil del autor. Andrés Gillmore, es sociólogo de la Universidad Nacional de Brasilia UNB en Brasil; es empresario turístico y consultor en proyectos de desarrollo sustentable relacionados con Aysén.

por Andrés Gillmore- columnista FR | Publicado 22 diciembre 2015 | Futuro Renovable