La Responsabilidad de Todos ante el Cambio Climático

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Esta semana comenzó en París una nueva cumbre mundial por el cambio climático; que aunque esta vez supone que es vinculante en todas las decisiones que tomen, existe la incredulidad de siempre en la población mundial, si esta vez de verdad se lograra un resultado positivo (por Andrés Gillmore – columnista FR).

Se desarrollaron miles de marchas en todo el planeta inclusive en Chile, manifestando la poca credibilidad del mitin mundial, con la esperanza que esta vez será el inicio de una nueva fase en la toma de conciencia de la importancia de enfrentar el cambio climático con los países desarrollados alineados en pos de ese objetivo.

Para hacer realidad la sostenibilidad del desarrollo humano es indudable que hace falta un cambio radical en la perspectiva de cómo lidiamos con el cambio climático, cómo hacemos desarrollo y cómo debemos actuar sobre las causas que están favoreciendo el desastre ambiental, transformando las pautas económicas de producción y consumo, que como sabemos no son sostenibles en el tiempo, porque han excedido la capacidad de carga de los ecosistemas y es indudable que debemos objetivar la capacidad de definir un nuevo modelo de relacionamiento entre sociedad y naturaleza, que permita construir sostenibilidad en co-evolución con la biosfera.

El fomento del consumo responsable sustentado en procesos sostenibles, con la capacidad de no comprometer las formas de vida de las generaciones futuras es una cuestión básica y de sobrevivencia, que vayan entregando pautas sustentables de consumo individuales y colectivos y la utilización racional de los recursos naturales, incorporando valores de sustentabilidad ecológica en los consumidores para la conservación del medio ambiente y fundamentar un desarrollo sostenible para todos y no solo para algunos, ante una necesidad de supervivencia que debemos enfrentar.

El modelo neoliberal impuesto por las grandes corporaciones internacionales a partir de los años ochenta en el mundo occidental, nos transformó de ciudadanos a simples consumidores y con ello nos introducimos en una serie de implicaciones que aun no se comprendía bien y que nos tienen al borde del abismo. En esos años el tema energético era importante pero no trascendental, cuando se hablaba de cambio climático eran solo meras suposiciones y todo estaba en estudio aun. Esa falta de claridad de no saber relacionar el cambio climático con la forma en cómo se producía y posteriormente se consumía, generaron la catástrofe ambiental que modificó el clima y desarrollo el efecto invernadero.

La primera gran alerta en forma académica surgió en 1970 con la publicación del Club de Roma, por medio de una publicación llamada -Los límites del Crecimiento- donde se especificó que si se continuaba con las tendencias de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y el agotamiento sistemático de los recursos naturales, el planeta alcanzaría en pocas décadas los límites de su crecimiento y que no podía ser otro que insustentable y que el resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso de la población, de la capacidad industrial y con serias implicaciones medioambientales para la flora-fauna, el planeta y la raza humana.

Me tocó en 1996 guiar un grupo de científicos franceses que llegaron a la cuenca del Baker (sur de Aysén) a estudiar los glaciares y su relación histórica con el nivel del lago General Carrera ( el más grande de Chile y compartido con Argentina) lógicamente les preguntaba por el cambio climático. Siempre respondían con evasivas y decían que no existían parametros para relacionar el nivel de los glaciares y de los lagos con el cambio climático, que permitieran tener una proyección científica de causa y efecto.

Recorrimos principalmente las planicies del lago Carrera en el sector de Mallin Grande, El Avellano, Puerto Cristal y Puerto Sánchez, constatándose que las planicies eran huellas de los diferentes niveles que había tenido el gran lago y que el valle del León que se inicia en campos de hielo norte y desagua en el gran lago Carrera, hace millones de años era la extensa lengua del glaciar y que en esos mismos años el gran lago había sido mar. Se entrevistaron algunos pobladores colonizadores, que informaron que los inviernos en el pasado inmediato (desde 1934) duraban casi seis meses, que las primaveras podían ser considerados como inviernos comparados con los parametros actuales, que los veranos en esos años nevaba y las montañas circundantes nunca perdían nieve por lo menos a mitad de faldeo y que en las orillas de lagos y ríos, la nieve llegaba a 50 centímetros en invierno (actualidad no más de 10 cm) y que el lago Carrera tenía un volumen de agua más alto que en la actualidad. Como ejemplo informaron que el nivel del lago Carrera llegaba hasta la plaza de la localidad de Puerto Guadal. En fin….. Uno de los científicos franceses el que más dominaba el español de nombre Pierre y con el que más conversaba, me comentó que en un plazo no mayor a 50 años era muy posible que la región de Aysén sería más seca y eso daría que el clima se asemejaría más a la octava región, con los subsecuentes cambios en la flora y fauna.

Es indudable que el cambio climático hace tiempo que hace de las suyas no solo en Aysén; el norte se convive con sequías importantes desde hace casi una década y si a eso le sumamos el robo de agua por las empresas mineras y las empresas agrícolas podemos decir sin equivocarnos que en la actualidad muchas comunidades no tienen agua para uso domiciliario.

No creo que haya pasado desapercibido como la actual primavera Aysenina, ha sido extremadamente seca y no es coincidencia, que una localidad como Caleta Tortel al sur profundo de la región, donde normalmente llueve 320 días al año a orillas del océano pacífico, este viviendo en la actualidad una sequía de proporciones, que tiene a la localidad sin energía eléctrica al, al depender del agua de lluvia para generar la energía eléctrica para el uso domiciliario de la localidad.

El consumo responsable ha dejado de ser un concepto para ser manejado solo por expertos, intrínsecamente ha pasado a ser un fenómeno de responsabilidad ciudadanía como un todo y en todos los estamentos de la sociedad. Hoy en día los consumidores tanto del mundo rural como urbano, civiles, empresarios y gobiernos, deben tener conciencia que todos los hábitos de consumo tienen un impacto sobre la sociedad y el medio ambiente. Ejemplos como la eliminación de los CFCs 1 en los aerosoles y en los sistemas de refrigeración, la difusión de un adecuado etiquetado energético, la extensión de los sistemas de recogida y reciclado de envases, han sido posibles gracias a que la ciudadanía ha entendido que existe un impacto ambiental asociado al consumo; aunque lamentablemente con frecuencia las políticas de desarrollo energético y de extracción de minerales estén carentes de estas estrategias, sobre todo en los países subdesarrollados como el nuestro.

A pesar de toda la información científica que confirma la relación entre producción- consumo-medioambiente-desarrollo-sustentabilidad-sociedad-cultura-sobrevivencia, continúan existiendo innumerables barreras constitucionales, para que los consumidores pasen de la preocupación a la acción y tener la capacidad de cuestionar comportamientos empresariales y gubernamentales; entendiéndose que la utilización del poder de consumo y la posibilidad de escoger los mejores productos, es una forma eficaz de proteger el medio ambiente. En estas barreras encontramos justificaciones tan variadas, como la idea preconcebida que los productos limpios son más caros, que su calidad es cuestionable, que vienen de marcas poco creíbles, que no ofrecen confianza, lo que en sí mismo es una falacia del marketing corporativo de las grandes marcas que no respetan el medio ambiente y si a eso le sumamos que nuestra constitución permite la privatización del agua, veremos que estas barreras no son una mera suposición.

Los consumidores en la actualidad no disponemos de una información real de la calidad de los productos que consumimos, cómo se fabrican, las implicaciones de consumirlos, que nos permita hacer una elección responsable, que pre-supone un reto para los fabricantes, vendedores, organismos públicos reguladores, organizaciones civiles, asociaciones de consumidores, organizaciones ecologistas.

Cada vez oímos más de las toneladas de carbono que emite cada país. Chile lamentablemente es uno de los mayores emisores de CO2 del planeta comparativamente, debido a una matriz energética sustentada en carbón, diésel y hidroeléctricas. Desde la entrada en vigor del Protocolo de Kioto, que teóricamente limito las emisiones de gases de efecto invernadero, ha tenido un enfoque de contabilización de las emisiones ambiguo, que se basa en la llamada “perspectiva de producción”, contabilizando las emisiones generadas en cada territorio, independientemente del destino de los productos o de los servicios que han generado esas emisiones. Si en un lugar se produce electricidad que luego se exporta, las emisiones de la generación de electricidad se contabilizarán en el territorio donde se produce la electricidad, aunque luego ésta se consuma en otro lugar. Pero si un territorio consume electricidad importada, las emisiones de carbono no se contabilizan como propias, una ecuación para burlar el modelo por decir a lo menos.

Es indudable que en Chile tenemos consciencia de la problemática en forma teórica, pero a la hora de pasar a la práctica, los diferentes intereses creados que manipulan la toma de decisiones, permiten que se continúen aprobando proyectos que no cuentan con estudios de impacto ambiental (EIA) certificados y profesionales, engañando a la ciudadanía, diciendo que la Hidroelectricidad con muros de contención y embalses es renovable y sustentable, cuando no lo es; sobre todo si consideramos que Chile es uno de los países con mayor proyección en Energías Renovables del planeta; que por consiguiente debería dominar nuestra perspectiva energética en la matriz.

“Cuando mezclamos ciencia y tecnología con ignorancia y poder, tarde o temprano terminará por destruirnos. Si más encima las personas que tienen poder de decisión no saben de ciencia y tecnología, estamos sentados en una verdadera bomba de tiempo. La ciencia es mucho más que simple conocimiento, es una forma de pensar y de comprender la factibilidad humana, que permite reconocer lo verdadero de lo falso. De no ser así estamos a merced de charlatanes y eso es preocupante”. (Carl Sagan. 1934-1996).

Perfil del Autor. Andrés Gillmore, es sociólogo de la Universidad Nacional de Brasilia UNB en Brasil; es empresario turístico y consultor en proyectos de desarrollo sustentable relacionados con Aysén.

por Andrés Gillmore – columnista Futuro Renovable| publicado 01 diciembre 2015 | Futuro Renovable