Proyecto carretera eléctrica: de modelo energético y apocalipsis medioambiental

(Columna Futuro Renovable) Una vez más, la Región de Valparaíso es amenazada por un mega proyecto que atenta peligrosamente contra el medioambiente. Se trata de algo así como una versión reeditada de Hidroaysén, pero en la zona central, y sin hidroeléctrica; aunque con un trazado de 753 kilómetros y 1.632 torres de entre 45 y 70 metros de altura. 

El proyecto “Plan de Expansión Chile LT 2×500 kV Cardones-Polpaico”, corresponde al diseño de una carretera eléctrica que conectaría las subestaciones de Cardones, en Copiapó, y Polpaico, en las afueras de Santiago, para llevar y recibir energía entre las regiones de Atacama y Metropolitana. Impulsado por el Estado chileno, el 6 de noviembre de 2012 la empresa Interchile S.A. se habría adjudicado la licitación por mil millones de dólares para su construcción. Hasta ahí vamos relativamente bien.

La polémica se abre al constatar que el trazado propuesto por la compañía contempla un paseo costero de las famosas torres –con dos líneas de 500 kilovoltios cada una-, ni más ni menos que por la Quinta Región, entrando por las comunas de Olmué y Limache, atravesando Quintero –sí, leyó bien- y Puchuncaví –sí, Puchuncaví-, para salir a la altura de Los Molles.

Para argumentar las discrepancias al trazado, basta revisar algunos acontecimientos que han remecido a la región en términos medioambientales. Recién el 24 de septiembre un derrame de petróleo oscureció las costas de la bahía de Quintero, y hasta hoy no se sabe con exactitud cuántos miles de litros de crudo habrían contaminado el mar. Hace 3 años, 31 niños de la escuela La Greda en Puchuncaví sufrieron intoxicación por un peak de azufre en una de las plantas de Codelco-Ventanas. Y así es como en menos de un párrafo citamos dos ejemplos famosos.

Lo que no sorprende que este tipo de afectaciones provengan de grandes negocios impulsados por el sector privado, así como tampoco es nuevo que como ciudadanos nos organicemos para denunciar las pasadas de mano en que incurren algunos inescrupulosos. Lo complejo es cuando el ente abusador en este caso es el Estado, o más específicamente un gobierno que pareciera querer seguir –literalmente- a toda costa, corriéndole la vista a elementos tan importantes como los alcances de la biodiversidad de la Región de Valparaíso y su impacto a nivel mundial.

Así de rotundo. Nos referimos al ultrajo silencioso y profundo del ecosistema de una de las regiones más relevantes desde el punto de vista de la biodiversidad, compuesta por casi 30 mil especies. De cordillera a mar, la zona central de nuestro país es poseedora de una riqueza que la sitúa en categorías mundiales de prioridad y conservación de la diversidad biológica –albergando 67 sitios prioritarios-. Además, ha sido identificada con la categoría de “Hot-spot”, debido a su alto endemismo.

Más específicamente, nos referimos al Matorral Esclerófilo chileno, que se da en la Región de Valparaíso, única ecoregión mediterránea en toda Latinoamérica, que concentra la mayor cantidad de vegetación entre las otras cinco de todo el mundo -junto con la Región floral de Californa, la del Cabo, Australia Sudoccidental y la Cuenca del Mediterráneo-.

Por si fuera poco, estamos ante una región que cuenta con uno de los corredores biológicos más importantes para el equilibrio de la biodiversidad, tanto local como mundial. Ruta de cóndores y otras especies, este espacio comprendido entre el cerro La Campana y Peñuelas, está zonificado como Reserva Mundial de la Biósfera –ratificado por Unesco el 2009-, y representa un lugar excepcional para la investigación, la observación a largo plazo, la capacitación, la educación, y la participación de las comunidades locales en la conservación y uso sostenible de sus recursos.

Decimos esto porque entendemos que la diversidad biológica desempeña una función decisiva en el desarrollo del país y es, por lo tanto, un elemento fundamental en la eliminación de la pobreza, debido a que a mayor diversidad, mayores serán las posibilidades de servicios, una vez que seamos capaces de entender el desarrollo social y económico desde una mirada sostenible.

Es por lo anterior que nos preguntamos ¿cómo conciliar la conservación de la diversidad biológica con la búsqueda de un desarrollo económico y social, y el mantenimiento de los valores culturales asociados? La respuesta, idealmente, debiera emanar de las autoridades.

torres_alta_tension-guioteca.com
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Más allá de las necesidades o intereses que mueven la construcción de una gran carretera eléctricala más grande de América latina-, es pertinente al menos reflexionar en torno al modelo de desarrollo que queremos impulsar; y si acaso vale la pena dejar la enorme cicatriz que produciría un trazado de torres de alta tensión por un territorio tremendamente valioso. ¿Por qué la ruta de las torres debe incluir la depredación de una zona continuamente ultrajada?, ¿por qué el camino para llevar y traer energía debe pasar por la costa de una región en la que ni siquiera quedará un pequeño kilovoltio?.

La oposición a este proyecto no es hippismo ni activismo verde. No es pose, ni una defensa organizada de propiedades amenazadas por la expropiación. Tampoco es el alboroto aislado de comundiades locales contra un proyecto que aparentemente busca un bien mayor. Es poner la mirada en un elemento estratégico para el desarrollo real, sostenible y amplio del país, ya sea en términos ecológicos, como culturales, sociales, políticos y económicos.

 Perfil del Autor Salvador Donghi  Rojas es biólogo titulado de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, con estudios de postgrado en Estados Unidos y en la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Consultor ambiental, últimamente ha liderado causas como la oposición a la Termoeléctrica de Concón, el Mall Barón, la defensa del Santuario de la Naturaleza de Tunquén y actualmente la asesoría medioambiental a las comunidades de Limache.

por Salvador Donghi| Publicado martes 14 octubre 2014 | Futuro Renovable